El Sopor
Hay muchas cosas que me gustan de este mundo y de esta vida (también hay muchas otras que detesto). Sólo con el hecho, a veces, de contemplar, de oler, de oír, de apreciar… en definitiva de “sentir”, uno puede experimentar una serie de sensaciones agradables para la mente y el cuerpo. Pero hay un momento que yo considero muy placentero, y es cuando nuestro cuerpo necesita del reposo diario. Cuando a uno le invade el sueño y placidamente se dispone a dormir.
Me encanta dormir. Mi madre dice que nací durmiendo y, que era capaz de dormir 16 h seguidas sin reclamar alimento. Creo que era y soy capaz de dormir una burrada de horas.
También es cierto que me gusta levantarme temprano, pero eso no quita que a lo largo del día recupere mis horas de sueño. Yo soy de las que hago siesta diaria, la necesito y, según las horas que haya dormido durante la noche, esta se alarga más o menos.
En el trabajo hay una hora concreta, sobre las 12 y la 1 del mediodía, que me invade el sueño.
Me levanto para dirigirme a la salita donde hay una nevera, un microondas, una fuente de agua y…un sofá, un hermoso y cómodo sofá, lo miro con la tentación de echarme encima y dormir, dormir…rendirme al sueño. Pero no, me como un yogur, bebo un vaso de agua, a ver si espabilo. Vuelvo a la oficina un poco más despierta, pero al momento vuelve la sensación de sueño. Abro cajones haciendo ver que busco algo par no mirar la pantalla del ordenador que me provoca más somnolencia.
Se acerca una compañera a mi mesa, me mira (creo que ya no puedo disimular) y me pregunta:
-Lluna, ¿qué te pasa?
-Que tengo sueño, pasión de sueño- contesto y, pienso para mí: “Dejadme dormir diez minutos tan solo ...y seré una mujer nueva, rendiré mucho más, os lo aseguro”.
-Anda salgamos a fumar un cigarro- sugiere la compañera.
Salimos y en la terraza le comento lo fatal que lo paso. Le advierto que si algún día, sobre esta hora no me encuentro en la oficina, que me busquen en la salita, que al igual me encuentran echando una cabezadita en el sofá.
Todos en la oficina ya saben de mi fatídico momento, es la hora de la pasión de sueño de Lluna.
Cada día que pasa, por fortuna, combato mejor ese espacio de tiempo en que el instinto me pide dormir y la razón…seguir con la tarea.







bruxana dijo
Hola Lluna:))
Ay... es que creo que estamos "programados" para dormir un ratito sobre esas horas. A mediodía justo (que con el desfase horario español, viene a ser cerca de las dos de la tarde). Sí, es un momentito... de ésos que es como si la tensión ó la temperatura bajasen de golpe... y !!entra un sueño!!! Luego, como tú dices, se va solo. Por suerte.
No soy capaz de dormir siesta. Creo que sólo lo hice dos veces de cría, y si me acuerdo es porque me puse malísima toda la tarde (en una ocasión me temo que además fue resaca: la noche anterior tocó verbena popular, de ésa que te van dando limonada con no sé qué alcohol... y da igual la edad que se tenga (por entonces, calculo que unos 15): te la dan y te la bebes. Y sin tener costumbre, en fin... Pues eso: siesta obligatoria como a las cuatro de la tarde y resaca. Malísima.
Claro que una siesta no debe ser más que una cabezada y no "métete en la cama hasta que se vaya el calor", que eso en plena estepa manchega son tres horas...;)
Otro día me quedé dormida. Hace dos...quizá tres veranos. Como siempre he trabajado con horario de comercio "partido", la verdad es que lo mío no era exactamente madrugar: por épocas, me levanté entre las ocho y pico y las nueve y media (lo dicho: madrugar no es ese horario). Por lo que podía acostarme tarde y, aún así, tener mis siete horitas de sueño... Bueno. Cuando cerró la ofi y empecé con los cursos... el primero fue en pleno verano (empezó el uno de julio) y las clases empezaban a las ocho y media de la mañana. Por lo que yo tenía que salir de casa a las ocho menos cuarto. Y levantarme a las siete y cuarto, máximo... ¿Conclusión? A media tarde me caía de sueño. Aun así, se me pasaba...
Salvo un día. No sé cómo, viendo el "Tomate",me tumbé en el sofá... y cuando abrí los ojos pegué un salto. Lo primero, primerísimo, que se me ocurrió es que me había quedado por la noche dormida con la tele puesta, era mediamañana... y yo estaba en casa. Qué susto... Luego entré en razones, volví a la realidad... pero entre la hora de sueño y el susto, qué mal, todo el resto de tarde...
Pero, vamos, que entiendo que ese sofá malévolo te atraiga... Los carga el diablo, sin duda...;)
Me enrollo como yo solita.
Un beso grande, guapa:))
9 Agosto 2008 | 10:44 PM