El vestido
No soy una apasionada de las compras, compro lo que necesito, sobre todo en cuanto se refiere a la ropa. Durante las rebajas procuro adquirir alguna pieza de ropa o zapatos que ya le tengo el ojo echado y espero a que abaraten el precio. No acudo con ansia a este tipo de “evento”. Procuro ir de compras pasados unos días del inicio de las rebajas y, si puede ser, por la mañana a primera hora para ahorrarme el tumulto que se origina en las tiendas.
Este año se me antojó comprarme un vestido rojo de tirantes. Por lo tanto una mañana la destiné a pasearme por las tiendas, donde suelo comprar, en busca de mi antojo.
Me dirigí en primera instancia a una tienda que compro habitualmente, si allí no encontraba lo que buscaba haría el recorrido calle abajo por los demás comercios.
Entré y me dediqué a mirar los vestidos, había de varios modelos, busqué en los de tirantes, los que había expuestos no me gustaban, pero en una de las perchas tenían un modelo que me llamó mucho la atención, pues me recordaba un vestido que tenía una amiga que se ponía cuando salíamos por la noche decididas hacer “daño”…. Jajaja.
El vestido en cuestión era negro ceñido y la parte del escote tenía una pieza blanca de punto y cuello redondo que se abrochaba en la nuca.
Éste, tenía el corte muy parecido, pero la pieza blanca simulaba las mangas y el cuello de una camisa. Para muestra un botón.
Por capricho me lo quise probar, escogí mi talla, me encerré en uno de los probadores, me quité la ropa que llevaba y me dispuse a colocarme el vestido. Cómo se ve en la foto, la prenda hay que ponérsela por la cabeza y, ahí empezó el problema. Intenté ponerme la prenda por esa rendija que pretende ser un escote y sin descartar que yo sea cabezona…tuve que hacer fuerza para que entrara, mientras, yo ya me había convencido de que me quedara bien o no, ese agobio de vestido no me lo compraba, que incomodidad ¡Por Dios!
Una vez mi cabeza traspasó el escote, puse los brazos en las mangas, me tiré el vestido hacia abajo, abroché la cremallera lateral, me miré en el espejo y…ya no importaba si el vestido me sentaba bien, lo que vi fue algo horrible, pues los polvos que me esparcí en la cara para tener un aspecto más saludable antes de salir de casa, habían quedado estampados en el blanco inmaculado. En el espejo solo veía una mancha marrón anaranjada en el escote del dichoso vestido.
“¿Y ahora qué? ¡Ay Dios mío! ¿Qué voy hacer?”- mi mente empezó a cavilar. Lo primero que se me pasó por la cabeza fue dejar la pieza hecha un gurruño y largarme corriendo. “No, Lluna, tú no eres así, el remordimiento te matará. Tú eres de las que confiesan, de las que te enfrentas con la verdad por dura que sea”. Miré el precio. “Nada, me lo llevo, lo pago y ya está”.
Eso es lo que hice. Cuando llegué al mostrador, dejé el vestido del revés. El chico que atendía, cogió la prenda, la puso del derecho, vio la mancha, me miró y yo con una sonrisa, dije: “Nada, se me ha manchado de colorete”-El dependiente, muy eficaz, dobló la pieza como si de una camisa “limpia” se tratara. Lo introdujo en un cacho bolsa de papel y me la entregó, pagué y salí cabizbaja de la tienda. “Creo que hoy no es un buen día para salir de compras”- pensaba par mí.
Fui calle abajo, como tenía previsto. Apenas miraba los aparadores. Ya no me apetecía comprar. Estaba terminando el recorrido cuando en una de las tiendas descubrí lo más parecido a lo que en principio pensaba adquirir… un vestido de tirantes, fresquito, ligero, fácil de poner y quitar, sin sufrimientos. No era rojo, pero el estampado no me desagradó.
Y….ahora que lo pienso, al otro (vestido me refiero), lo llevaré a la modista a que le quite el simulacro de camisa blanca y le ponga unos tirantes, creo que será perfecto para las noches de terracita.








encontrada dijo
pues a mí me gusta el vestido, claro que he sufrido la experiencia de llamar a mi hermana a gritos para que me sacara de alguna prenda que creia que me iba a ahogar, así que te entiendo. Me ha hecho gracia tu post. Disfruta de tus vestidos. Un beso
15 Julio 2008 | 02:43 AM