La elección
Lo prometido es deuda, y como en el post de Luna Nueva me comprometí a explicar, cuando hubiera hecho la elección, de que iba el asunto, pues a eso voy.
Dicen que poder elegir es un lujo, yo no estoy tan convencida, y más cuando se trata de elecciones que van a influir decisivamente en tu vida, esto provoca ansiedad, turbación, zozobra…en definitiva, cuando uno se ve ante una situación de estrés, sin duda se le nubla la mente.
Algo así es lo que he vivido yo estás últimas semanas conforme se acercaba el día de la elección.
Todo empezó a principios de octubre cuando decidí, después de estar tres años y pico de excedencia en un puesto de
Desde entonces hasta ahora he ido asumiendo poco a poco que mi vida de pija pobre se acababa, pobre, eso sí, pero durante este tiempo me he dedicado hacer algunas cosas que con un horario laboral de por medio no me hubiera podido permitir.
La necesidad (y otras circunstancias) acuciaron mi decisión. Ya sé que la administración es lenta, muy lenta…y yo soy una mujer impaciente…muy impaciente. He aguardado estos nueve meses entre listas; que si provisionales, que si definitivas, que si 10 días, que si un mes y un sinfín de objeciones hasta ver llegar el momento decisivo.
El caso es que el jueves 5 de junio me encontré con la tesitura de escoger una plaza entre 700 y pico de destinos para elegir.
Algunos de estos destinos eran realmente cautivadores, desde la opción de volver a vivir y trabajar cerca del mar (cosa que ya hice una vez) a perderse por algún pueblo recóndito del Pirineo.
Esta vez he querido ser práctica, escoger un destino cerca de mi casa, con unas condiciones de trabajo lo más cómodas posible, y estos requisitos solo los cumplía una de todas esas plazas que estaban a concurso.
Yo no estaba nada mal situada en las listas, me encontraba dentro de las 30 primeras del ranking entre más de 500 personas que iban a concursar en el acto de elección. Por eso, yo no tenía mi objetivo asegurado, pues cualquiera de los que estaba antes que yo podía llevarse esa plaza que tanto anhelaba.
El concurso (y nunca mejor dicho) para la elección de plaza se realizó en una sala de actos, había dos turnos, uno por la mañana y otro por la tarde. Yo debía acudir al primero, a las 10 de la mañana. Claro que siempre se llega antes por si ha habido algún cambio, alguna rectificación, ya que de
Llevaba 9 meses (que curioso, como un embarazo) esperando ese momento (puestos ya, el parto).Imaginaros la tensión de los 20 minutos que pasé dentro de esta sala con la esperanza de que nadie de los que tenía por delante “pillara” mi plaza. Fueron llamando, una a una, las veintitantas personas que escogían su destino antes que yo. Mientras, como si de un sortilegio se tratara, yo le pedía a
Después de que la última persona que estaba delante de mí, eligió su destino y mi plaza había quedado libre, al ver mi nombre en la pantalla del proyector, con mi numero de ranking y por los altavoces de la sala se escuchaba mi nombre, me alcé de un bote de mi asiento, bajé por el pasillo airosa, triunfante, me acerqué a la tribuna, y el jefe del tribunal me preguntó:
-Lluna, ¿qué destino quieres?- a mí me pareció que estaba en el cielo, que ese hombre era Dios y me iba a conceder un deseo.
-Este-contesté con voz firme, sin titubear, con decisión, con la seguridad de que este y por ahora es mi destino.
Salí de la sala flotando, y en cuanto respiré aire fresco, sentí latir mi corazón desbocado de alegría, como si alguien hubiera manipulado una espita dentro de mí y la sangre recorriera con fluidez todo mi cuerpo para dejar de vivir bajo presión.







encontrada dijo
Vaya, muchas felicidades. Son estos fantásticos respiros los que nos hacen sentir felices. Disfrútalo. Un abrazo
7 Junio 2008 | 02:01 AM