Llana, como Castilla.
Empecé el Camino de Santiago en Roncesvalles, crucé el Pirineo y Navarra hasta llegar a Durante el trayecto contemplé paisajes admirables, e incluso descubrí verdaderos paraísos terrenales. Plasmé en mi mente todos los momentos que pasé en el Camino, algunos de ellos fueron realmente duros. De toda esa belleza de la que fui testigo a lo largo del camino, fue Castilla la que me impactó. En Atapuerca, antes de llegar a Burgos, desde una loma donde se ubica la iglesia, fui consciente de la inmensidad de esa tierra, mis ojos no alcanzaban a ver el fin de los campos dorados, que como ocurre en el mar, el límite lo marca el horizonte. Pasado algo más de un año que había realizado la ruta, escuchando una canción de Loquillo, me dio por escribir una historia relacionada con dicha canción y el Camino de Santiago. A través del personaje femenino de este relato (ficticio) intenté describir parte de los paisajes, de las sensaciones y emociones que experimenté durante el recorrido por el Camino. En este fragmento se refleja algo de lo que yo percibí en Atapuerca:
“
Se había propuesto cumplir su objetivo, que era olvidar. Hablar con Lucía no la ayudaba para nada
Cada vez los recuerdos eran más lejanos, tenía la sensación de que había pasado toda su existencia en el Camino. Disfrutaba del paisaje, estaba en Castilla. Le encantaba aquella explanada gigante.- “¿Por qué no puede ser así mi vida? Llana, como Castilla”-pensó... Había conseguido acallar un poco su palabrería interior, se sentía mejor, aún tenía la pierna resentida pero los pies ya no le dolían, su alma tampoco, o eso creía.
Aquellos campos infinitos, que a veces se movían ondulantes a consecuencia del viento, le recordaban el mar. Pensó en el Mediterráneo, era el único mar que ella conocía. De repente se acordó de Menorca y de Julián, el hombre afable, ya no pudo contenerse, los recuerdos volvieron.
Veía el mar, sentía las caricias de Julián, se acordaba de cómo la miraba. Un cosquilleo le recorrió todo el cuerpo y súbitamente tuvo unas ganas irresistibles de abrazar a ese hombre, de dejar el Camino y volver a su lado. “Lo llamaré”-pensó-“No, mejor no ¿Qué le voy a decir?” No, primero debía llegar a Santiago, allí tomaría una decisión.
Eva se dio cuenta que todo aquel tiempo que llevaba caminando había intentado negar lo evidente, que estaba locamente enamorada de Julián. Por primera vez desde que se fue, se preguntó; si aquel día que decidió coger el tren, no se había precipitado…”
Con este post, me voy a despedir por unos días de vosotros. Tengo obligaciones importantes que cumplir, una de ellas es estudiar y como me he comportado al igual que una adolescente descerebrada, ahora no tengo más remedio que ponerme a fondo y recuperar todo el tiempo perdido.
De vez en cuando intentaré visitar vuestros blogs, pero todo depende del avance de mis tareas.
Os echaré mucho de menos, y en cuanto tenga los quehaceres finalizados, volveré con más tranquilidad y sosiego.
Besos!!!
P.D.: Dedicado especialmente a Yolanda, la conocí un día en LaCoctelera en que las dos publicamos un artículo referente al Camino de Santiago.







ottoottotre dijo
Buenas tardes LLuna. Eso que describes me pasa a mi con la Toscana. NO hay nada igual que recorrer la Toscana en tren o en coche (no conduciendo). Los recuerdos siempre vuelven. Son gotas de memoria de las cosas que en su dia vivimos. Lo bueno??? Casi siempre son los buenos recuerdos los que afloran. Hay alguna reacción química en nuestro cerebro que hace que los malos recuerdos no vuelvan o, si vuelven, se hacen pasar por buenos.
Estudia y sacate el curso, te lo deseo de corazón.
Besos
29 Abril 2008 | 08:22 PM