Regresión
Siempre he sido una mala estudiante, me gusta aprender pero no estudiar.
Este año pasado encontré el momento oportuno para volver a retomar los estudios y decidí matricularme de dos asignaturas de la carrera de Historia.
Ayer en clase me sorprendí actuando con la misma pose de adolescente del pasado, acudiendo a clase sin la lección aprendida y observando al resto de alumnos responsables preguntando a la profesora cosas que yo no había oído en mi vida y que a estas alturas del curso ya debería saber.
Abandoné la clase antes de tiempo para poder coger el tren a una hora razonable. Al salir me acerqué a una compañera que hacía días que no veía para preguntarle como le había ido en los exámenes del primer cuatrimestre. Me contestó que le había ido bastante bien y decidió abandonar también la clase y así hacer juntas el trayecto hasta la estación.
Esta compañera es una okupa declarada, debe ser unos diez años menor que yo. Vive en una casa “ocupada” en mitad de la montaña, por este motivo se la conoce como
Nos dirigimos a la estación de metro, por el camino conversábamos sobre los exámenes.
Al llegar a la estación, yo validé el bono en la máquina, pasé al otro lado y mi compañera al realizar la misma operación la puerta metálica no se abrió, lo intentó repetidas veces sin éxito, me acerqué para saber que problema tenía y… cual fue mi sorpresa cuando ella se agachó y pasó por debajo de la barrera, vamos que…. literalmente se coló en el metro. Yo pasmada le pregunté:
-¿Pero qué haces? Que aquí hay cámaras de vigilancia.
-Ya lo sé, en todas las estaciones hay.
-Déjame ver el billete- dije cogiendo su bono.
El problema no era otro que el bono se había agotado, no quedaban viajes. Me ofrecí para pagarle el billete, ella se negó rotundamente dando explicaciones de que esta era su práctica habitual. Lo entendí perfectamente sabiendo que es una persona de las consideradas por la sociedad como antisistema.
Durante el trayecto en el metro ella me explicó que le habían puesto varias multas, que cuando la paraban los vigilantes entregaba directamente el carné de identidad y que no pasaba nada.
Cuando ya llegamos a la estación de tren de cercanías, volví a insistirle que ese viaje se lo pagaba, ya que últimamente en las estaciones de destino los vigilantes, para controlar la práctica de “colarse en el tren”, no te dejan salir de la estación a no ser que muestres el billete. Ella rechazó el ofrecimiento.
Subimos al tren, estuvimos charlando, sobre todo, del tipo de vida que ella llevaba, a que se dedicaba para subsistir, los planes que tenía para seguir dedicándose a okupa y toda una serie de explicaciones que yo encontré muy interesantes.
Ella bajó cuatro estaciones antes que la mía. Me quedé sola en el tren. Pensaba en lo sucedido con el billete en la estación y en la conversación que había mantenido con mi compañera de clase. En lo sorprendida que me quedé cuando ella se “coló” en el metro. Experimenté una regresión al pasado, a la época estudiantil, en es época en que no sólo eres capaz de colarte en el tren, sino en muchos otros sitios en tal de ahorrarte cuatro duros.
De pronto, en mitad de aquella meditación, me vino una idea a la cabeza que intenté descartar inmediatamente, porqué… lo que cruzó mi mente era, que tal vez, cuando volviera a encontrar a mi compañera, le preguntaría: “¿Qué hay que hacer para ser okupa?”.
Sentí temor ante ese pensamiento descabellado, de saber que algo así pudiera interesarme, de ser capaz de comprometerme y meterme de lleno en ese movimiento antisistema. Me vi corriendo por los pasillos del metro escapando de los vigilantes de seguridad, encadenada en la puerta de cualquier casa okupa en tal de impedir que la policía la desalojara…por mi cerebro pasaban escenas imaginarias de lo que podría ser si yo decidiera hacerme okupa. Llegué a mi destino, bajé del tren diciéndome: “Lluna, sensatez, por Dios, sensatez, estate quieta”.







encontrada dijo
jejeje. A mí me pasa que encuentro gente muy interesante muy de vez en cuando (la gente interesante no abunda tanto como uno quisiera). Y me enamoro de lo que me cuentan, y envidio lo que hacen, cómo visten, cómo aman... Pero a menudo me doy cuenta de que también ellos me envidian a mí por otras cosas. Me limito a no imitar, pero cojo cosas buenas de cada uno, y las voy copiando. Así consigo ser una persona que me guste más a mí misma y un poquito más feliz. Vamos, que soy una copiota.
5 Abril 2008 | 12:07 PM