"Pecado tras pecado"(II)
Bajaron y fueron directos a la cocina, la mesa estaba preparada con cuatro platos de sopa humeantes, la niña se sentó enfrente de uno, Eduardo se quedó de pié esperando a Cris que depositó un plato con una tortilla de patatas encima de la mesa y lo invitó a sentarse.
Después de cenar, Eduardo pidió permiso para fumar un cigarro, Cris lo miró y dijo:
-Aquí ya no se fuma. Salgamos al porche.
Se sentaron alrededor de una mesa que había a fuera, en la entrada de la casa. Cris miró el reloj y comentó:
-La hora que es y esta niña aún no ha llegado. No tengo yo bastantes preocupaciones para tener que estar pendiente de ella.
-¿Cuántos años tiene?
-Dieciocho, los cumplió el mes pasado. Y se cree que tiene derecho a todo.
-Bueno, a esa edad qué quieres.
Un coche paró en la acera de enfrente, se oyeron voces y risas, el ruido de una puerta cerrarse y enseguida una chica joven que entraba en el jardín.
-Mírala, ahí está.
Eduardo observó a la chica que se acercaba a la mesa, por un momento tuvo la impresión de haber viajado a través del tiempo.
-¡Hola!-saludó animosamente la chica.
-¿Crees que estas son horas de llegar?-recriminó la madre.
-Tampoco es tan tarde, no son ni las diez y media- dijo mirando el reloj.
-Pues nosotros ya hace rato que hemos cenado.
La chica se quedó de pie mirando a Eduardo, Cris habló:
-Rosa, este es Eduardo. Ha venido desde Alemania para…
-¡Ah! Tu eres el amigo famoso-dijo Rosa que se agachó para dar dos besos a Eduardo.
-Hola-saludó él correspondiendo a los besos.
-Se quedará aquí este fin de semana, tú y Maria dormiréis en mi habitación.
-¡Jo! ¿Y donde voy a chatear?
- ¡Rosa!-la regañó su madre y la chica se metió en la casa con cara de fastidio.
-Esta niña... mal educada.
-Sinceridad-se limitó a decir Eduardo.
-Una cosa es ser sincero y otra muy distinta es ser grosero-recalcó Cris.
Decidieron entrar en la casa, recogieron el equipaje y Cris lo acompañó hasta la habitación.
Una vez solo en el dormitorio, Eduardo miró las dos camas, una tenía el cabezal color naranja, el otro era color pistacho, los colores hacían juego con las estanterías y el armario. Eduardo escogió la del cabezal verde para dormir. Echado en la cama, con los ojos cerrados no era capaz de definir la situación en la que se encontraba.
Era de día, Eduardo hacía mucho rato que estaba despierto, empezó a oír movimiento por la casa y decidió levantarse.
Las tres mujeres estaban reunidas en la cocina. Cris al ver a Eduardo, en seguida le ofreció una taza de café y unas tostadas. Mientras desayunaba ella comentó:
-Paco ya me ha preguntado un par de veces por ti.
-Ahora subiré.
Eduardo entró en la habitación. Con la luz del día, la estancia tenía un aspecto más acogedor. Se acercó a la cama, saludó:
-Buenos días.
-Eduardo,… dudaba si lo de ayer no fue una alucinación.
-Ya ves que no ¿Cómo te encuentras?
-Cansado. Pero no me duele nada, a veces creo que ya estoy en el otro mundo-dijo mirando a su amigo.
-Pues ya me contarás lo que se siente.
-¿Te acuerdas de los porros que nos fumábamos bajo el roble?
-Claro que me acuerdo.
-Pues eso, esa es la sensación.
-Vaya privilegio.
-El privilegio eres tú. Tenerte cerca antes de partir…creo que podré morirme en paz.
Eduardo se sentía incomodo con esas palabras, decidió hablar de otra cosa:
-Pues ahora que hablas del viejo roble, sabes de que me acuerdo… del día que se nos ocurrió fumar uno arriba en las ramas, el porrazo que me pegue…
-Calla, que yo aún tengo pesadillas. Todavía te veo allí en el suelo con el brazo sangrando y el hueso fuera. Y yo con aquel mareo…- Paco quería reírse y empezó a toser.
Eduardo le pasó el brazo por los hombros y lo incorporó un poco. El amigo dejó de toser.
-¿Estás mejor?
-Sí, sí. Ya está. Me pasa a menudo cuando hablo mucho.
-Descansa, no hablemos.
-Descansar… ya tendré tiempo de descansar.
Eduardo se pasaba la mano por la cara observando a su amigo ¡Cuánta razón tenía! Estuvieron un rato sin decir nada, al fin Paco rompió el silencio:
-¿Sabes?… no quiero irme sin saber…
-Qué. Dime-dijo Eduardo acercándose a su amigo.
-Sin saber… ¿si aún estas… cabreado?
Eduardo bajó la cabeza, no dijo nada.
-¿Estas cabreado o no?-volvió a preguntar Paco.
-Pues sí, lo estoy. Que mi novia me dejara, fue un palo y que mi amigo me traicionara, otro. No sé cual me dolió más ¿Querías saberlo? Pues ya lo sabes.
-Cris es la mujer de mi vida. No fue un capricho.
-Tu y yo compartimos muchas cosas, incluso… te atreviste a compartir mi novia.
-Mi mujer-dijo tajante Paco
-Tú siempre tan hábil para dar la vuelta a las cosas.
Paco volvió a toser, Eduardo lo cogió para incorporarlo, la tos no paraba, el amigo tenía la cara encendida, él le iba dando golpecitos en la espalda.
Eduardo despertó en el sofá de su casa con la imagen de su amigo entre sus brazos. Se frotó los ojos, miró el reloj, las cinco. Por la ventana del salón entraba la luz del sol.
Paco- dijo mientras se incorporaba.
Aquella semana, a Eduardo, le asaltaban continuamente los recuerdos de su infancia, adolescencia y parte de su juventud junto a Paco. A veces se sorprendía riéndose al acordarse de algunas de las anécdotas que habían vivido juntos...




Ran Part 2 dijo
Hola mi Llunita, aqui regresando a leer... Iva a venir el sabado pero no pude entrar a LaCoctelera y ayer domingo entre noche y asique decidí seguir leyendote hoy con tiempo de sobra y principalmente atención.
Despues de mi discurso, continuemos... Sopa yummy. Tampoco en mi casa se fuma, asique bitch salte al porche (asi le hubiera dicho jeje).
Uy a los 18, que maldades y travesuras no se hacen a esa edad ;)
Suena a como que el amigo extranjero tendra un romance con esta chica.
Cualquiera se sentiria incomodamente mal con esas palabras, parece que le esta tirando el calzón (expresión para decir que le esta hechando los perros, es decir coqueteando/flirteando jeje).
Los recuerdos siempre estaran ahí.
Ten excelente día.
17 Marzo 2008 | 05:01 PM