"Escalera al cielo I"
(Hoy he comentado en un artículo publicado por Earandil http://www.lacoctelera.com/earendil/post/2007/09/13/el-proximo-concierto-led-zeppelin. Es curioso, porque hace un año aproximadamente empecé a escribir una historia basada en una experiencia personal en donde Leed Zeppelin tiene algo que ver, y es doblemente curioso porque mi primer post "Carta a un puente" forma parte de esa experiencia que viví el verano pasado, y podría seguir citando un sin fin de coincidencias. Por eso hoy decido publicar la introducción que escribí para esa historia, cosa que tenía pensado hacer algún día. Es un poco larga para ser un post y lo publicaré en dos veces. No me gusta escribir artículos largos para evitar el tedio que puede provocar, pero hoy haré una excepción)
(Aconsejo reproducir el YouTube, sólo se visualiza una imagen," La escalera al cielo", así podéis escuchar la canción conforme leéis el texto)
La gran esfera blanca del reloj colgado en el porche del andén marcaba las ocho y cinco de la tarde. Victoria, cuando miró el reloj se desanimó, pensaba en las tres horas que faltaban aún para que llegara su tren. Hasta las 22:55 el “Costa Brava” no pasaría por aquella estación que por no tener, no tenía ni consigna. Si hubiera podido dejar la mochila en alguna taquilla, aligerar la carga que llevaba encima, podría haber ido a pasear y visitar algo de aquella ciudad.
Era un domingo de mediados de agosto, el único bar que había en la estación estaba cerrado. Victoria no iba a esperar allí sentada el buen rato que faltaba para que llegara su tren en dirección a Barcelona. Se levantó decidida en busca de algún local donde pudieran servirle un café.
Muy cerca encontró lo que buscaba, desde la calle divisó un gran patio con mesas y sillas, las sillas estaban recogidas encima de las mesas y la verja de acceso cerrada.
Un poco más arriba, en la misma acera, había la entrada del bar restaurante, se dirigió hacia allí y entró. La barra del local estaba repleta de hombres. Victoria fue consciente de la reacción que había provocado, haciendo acopio de indiferencia se acercó al mostrador. Un camarero sonriente se dirigió a ella.
-Póngame un café- pidió Victoria con seriedad, intentando demostrar una falsa seguridad, pues tenía la sensación de que un montón de ojos la estaban observando.
El camarero le sirvió el café y ella aprovechó para preguntarle:
-¿Puedo salir a la terraza?
-Hasta las nueve no la abrimos- contestó el chico sonriente mirando el reloj- Pero… pase si quiere. Sígame- acabó diciendo el camarero que cogió el café y se encaminó al final de la barra.
Ella lo siguió hasta una estrecha puerta de doble hoja, el camarero aguantó una de las láminas de madera para dejar pasar a Victoria, se acercaron a una de las mesas. Entre los dos bajaron las sillas, el chico depositó el café encima de la mesa que habían despejado y sin dejar de sonreír se retiró.
El patio era grande, en medio había una fuente ornamental con un cupido apuntando su flecha hacia una diana invisible, en el suelo de gravilla se posaban varias mesas.
Victoria se acomodó bien en la silla, de la mochila sacó su libreta de apuntes .Quería anotar algunas de las cosas que había vivido aquel fin de semana lejos de su casa. Abrió el bloc, buscó una página en blanco y en la esquina derecha de la hoja anotó la fecha: 13 de agosto del 2006, más abajo en el margen izquierdo sólo pudo escribir: “Guadalajara es una ciudad dispersa”.
Cerró los ojos para dejar paso a los recuerdos y volvió a sentir el frío que había pasado la noche anterior durmiendo al lado de un desconocido. No recordaba haber tenido nunca tanta necesidad de calor, y menos, en pleno agosto. Se rodeó el cuerpo con sus brazos para paliar el escalofrío que le provocó el recuerdo.
Dejó el lápiz encima de la mesa, en ese momento no tenía palabras para explicar sus emociones. Cogió la taza, tomó un sorbo del café caliente y alejó la frialdad que parecía como si conservara aún desde la noche anterior e intentó evocar imágenes de
Los pensamientos divagaban solos, le pasó un nombre por la cabeza; Camilo José Cela. Ella había realizado su viaje particular a L
Y allí, sentada en mitad de aquel patio, empezó a preguntarse:
“-¿Qué hago aquí? ¿Hasta dónde me ha arrastrado mi curiosidad? Eres una chafardera, eso es lo que pasa. Bueno, vamos a dejarlo en curiosa.”
Los acordes de una guitarra que sonaba a través de los bafles instalados en el patio y la voz de Robert Plant, la apartaron de su interrogatorio. Sintió una añoranza inmensa, bajó la cabeza, se le pusieron los ojos vidriosos. No quería que el camarero, que cada vez que pasaba por delante de ella le dedicaba una sonrisa, la viera así. El chico estaba colocando las sillas alrededor de las mesas. En la terraza ya empezaba a entrar gente, el azul del cielo empezaba a oscurecer, miró el reloj, las nueve. Si el tren no se retrasaba, probablemente dentro de doce horas estaría en casa. Esteban la estaría esperando, la abrazaría. ¡Cuánto anhelaba ese abrazo! Sólo una noche la separaba de los suyos, pero primero tenía que coger ese tren que ya tardaba demasiado.
Tenía el móvil descargado. Podría ir a llamar desde una cabina, no, mejor esperar a mañana a que todo transcurriera tal y como se había pactado. Además, con la nostalgia que ahora la invadía, se le entrecortaría las palabras, Esteban se daría cuenta, lo preocuparía sin necesidad. Mañana ya estaría en casa, y de viva voz le podría decir lo mucho que lo había echado de menos.
El patio en poco rato se había animado, las mesas estaban casi todas ocupadas, el camarero sonriente no daba abasto, salió otro para ayudar. La gente a esa hora de la noche tapeaba, Victoria los observaba y seguía mentalmente la canción:
“…There’s a feeling I get when I look to the west,
And my spirit crying for leaving.
In my thoughts I have seen rings of smoke through the trees,
And the voices of those who standing looking.
Ooooh, it makes me wonder,
Ooooh, it really makes me wonder…”
Ella encendió un cigarro y tomó el último sorbo de café. Las notas de la guitarra solista, el ritmo de la percusión y el falsete de Robert Plant anunciaban el final de la canción:
“...And as we wind on down the road
Our shadows taller than our souls.
There walks a lady we all know
Who shines white light and wants to show
How everything still turns to gold.
And if you listen very hard
The truth will come to you al last.
When all are one and one is all
To be a rock and not to roll”
Victoria con el cigarro en la boca, aspiró el humo, cerró los ojos para escuchar la frase que remataba el cántico:
“…And she’s buying a stairway… to heaven.”
Otra canción amenizó el jardín. La temperatura era agradable, el anochecer refrescó el ambiente. Victoria se abrigó con la sudadera que llevaba atada en la cintura.
Llamó al camarero, pidió un refresco y la cuenta. Después de un buen rato decidió abandonar la terraza e ir a la estación, ya eran más de las diez, su tren no tardaría...
(Continuará)






mixcelaneas dijo
Ya estoy esperando la segunda parte!!!(Me gusta lo que he leído hasta ahora)
Gracias por "escalera al cielo". Creo que la escuché por primera vez en un "live aid" o algo así en los ´80 y desde entonces es una de mis canciones favoritas (creo que se la dedicaron a un miembro del grupo que había fallecido, es así??) GRACIAS POR INCLUIRLA!!.
Besoss!!
14 Septiembre 2007 | 11:29 PM